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La industria textil enfrenta una crisis sin precedentes, marcada por la recesión, la apertura comercial y la pérdida de competitividad.

La industria textil argentina atraviesa una crisis profunda motorizada por la recesión interna, la apertura comercial indiscriminada y la pérdida de competitividad. El cóctel amenaza con desarmar una cadena productiva extensiva en empleo y expone los límites del esquema libertario.

Los datos más recientes expuestos por la Fundación Pro Tejer en su boletín económico sectorial de abril muestran un deterioro acelerado.

En el primer bimestre de 2026, la producción textil se desplomó 29,4% interanual y quedó más de 35% por debajo de los niveles de 2023. El segmento de indumentaria, cuero y calzado también registra caídas sostenidas .

El impacto se traduce en una postal más que elocuente, ya que siete de cada diez máquinas permanecen apagadas, según advierte Protejer.

Hasta el momento, en lo que va del 2026, la capacidad instalada de la industria textil promedia el 31.8%, mientras que en febrero de este año alcanzó el 39.9%.

Un detalle más que preocupante es que si se analiza la película que va del 2016 al 2025, la capacidad instalada se encuentra en niveles cercanos al porcentaje alcanzado durante la pandemia, que fue del 43.9%.

La elevada capacidad ociosa no solo refleja la falta de demanda, sino también el riesgo de una pérdida de capacidades productivas.

Consumo débil y precios que no alcanzan

El corazón del problema está en el mercado interno. La caída del poder adquisitivo y del empleo redujo el consumo a niveles mínimos históricos, dejando a las empresas con sobrestock y márgenes de rentabilidad negativos.

En ese contexto, los precios del sector crecen muy por debajo de la inflación general: 13,4% interanual frente a un 32,6% promedio. Esto revela una dinámica de liquidación donde muchas firmas venden por debajo del costo para sostener la liquidez.

Importaciones en alza y cambio en el modelo

Al frente interno se le suma una segunda variable de carácter externo. La apreciación cambiaria y la desregulación comercial facilitaron el ingreso masivo de productos importados.

En el primer trimestre de 2026, las importaciones del sector alcanzaron USD 421 millones. Además del volumen, el dato clave es que crecen los bienes finales y caen los insumos para producción local .

En otras palabras, Argentina importa cada vez más ropa terminada y menos materia prima para su industria.

Empleo en retroceso y cierre de empresas

Este cóctel explosivo empieza a repercutir socialmente. El sector perdió 18% del empleo formal desde fines de 2023, el equivalente a más de 21.000 puestos de trabajo.

El dilema económico de fondo

La crisis textil expone que la estabilización macro propuesta por el Gobierno Nacional (con menor inflación, tipo de cambio apreciado y apertura comercial) pone en jaque a sectores productivos que no logran adaptarse a las nuevas condiciones.

El esquema libertario basado en una transición hacia una economía más abierta se traduce en una desindustrialización acelerada que ya muestra sus límites.