Uno de los referentes de la Selección argentina fue contudente y con argumentos sólidos, y desde adentro de la cancha, explicó por qué jugar amistosos débiles atenta contra el rendimiento.

Nicolás Tagliafico, uno de los abanderados de esta época gloriosa, volvió a dejar en claro por qué es uno de los futbolistas más pensantes de la Selección argentina. El lateral izquierdo no solo se destaca por lo que hace dentro de la cancha, sino también por su capacidad para analizar lo que sucede alrededor. Y sus últimas declaraciones tocaron dos temas sensibles que involucran directamente a Claudio “Chiqui” Tapia y a la AFA: el nivel de los amistosos de la Albiceleste y el poco atractivo que tiene hacia afuera el torneo de 30 equipos del fútbol argentino.
En el caso de la Selección, Tagliafico puso el foco en una cuestión que ayuda a explicar por qué los amistosos ante rivales de menor jerarquía pueden terminar siendo un arma de doble filo. “Nosotros somos un equipo que nos gusta tener la posesión de la pelota, nos gusta controlar el juego y cuando, lamentablemente, nos sacan el control del juego, somos un equipo que tiene que jugar compacto, y no somos los mejores en eso”, explicó. Una frase sencilla, pero que desnuda una dificultad concreta: si Argentina pasa permanentemente sus partidos controlando el juego, hay pocas oportunidades para trabajar sobre aquello que ocurre cuando el rival consigue quitarle la pelota y someterla.
Ahí aparecen los amistosos ante Mauritania, Puerto Rico, Benín y Burkina Faso, entre otros. No se trata de cuestionar que Argentina pueda ganar esos partidos ni de caer en una mirada extrema sobre la planificación de la Selección. El problema es otro: si los rivales no consiguen exigirla, tampoco permiten poner a prueba determinadas respuestas que pueden ser necesarias cuando enfrente aparezca un equipo de mayor jerarquía. Y justamente eso es lo que señaló Tagliafico desde adentro de un plantel que conoce perfectamente cómo funciona el equipo de Lionel Scaloni.
Claro que tampoco hay que ser necios. La Argentina fue campeona del mundo, también llegó a la final en el 2026, jugando una final contra Francia en la que, justamente, tuvo momentos en los que debió sufrir y defender sin controlar permanentemente la pelota. Es decir, la Selección ya demostró que puede responder en escenarios de máxima exigencia. Pero el fútbol también consiste en prepararse para diferentes contextos y el análisis de Tagliafico sirve para explicar algo que excede un amistoso puntual: para una selección que pretende seguir compitiendo en la elite, también es necesario encontrar rivales que la obliguen a salir de su zona de comodidad. Ahora más que nunca para ver si Nico Paz, Prestiani y Mastantuono, entre otros, logran estar a la altura ante la exigencia.
Y como si eso fuera poco, Tagliafico también se refirió al torneo de 30 equipos, otra de las decisiones que ponen al fútbol argentino bajo la lupa. El formato tiene dos zonas, cruces y una estructura que termina derivando en ocho campeones. El lateral no necesitó demasiado para explicar lo poco atractivo que resulta hacia afuera. Y ahí la discusión vuelve a tocar directamente a la AFA y a Tapia: incluso después de haber sido campeona del mundo, la Argentina tiene un torneo que, desde afuera, necesita ser explicado para poder ser entendido.
Por eso las declaraciones de Tagliafico tienen un peso diferente. No habla alguien que mira el fútbol argentino desde lejos, sino uno de los referentes de la Selección argentina, un jugador que conoce desde adentro el funcionamiento del equipo y que además observa con atención lo que sucede alrededor. Sus palabras ponen sobre la mesa dos problemas distintos, pero con un punto en común: mientras la Albiceleste necesita competencia para seguir creciendo, el fútbol argentino tiene un formato que cuesta vender hacia afuera. Y en ambos casos, la AFA de Chiqui Tapia queda inevitablemente expuesta.
